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Las vacaciones de verano en las empresas francesas

¡He aquí el verano y la llegada de las vacaciones! ¿Pero, cuándo las hacen los franceses? Durante mucho tiempo, como en España, las empresas cerraban en el mes de agosto: los trabajadores se veían, pues, obligados a marcharse en esta época. Pero las cosas han cambiado, incluso si algunas PYME continúan cerrando durante una parte del mes de agosto.

Actualmente, los franceses, como los españoles, hacen las vacaciones en julio o en agosto, y cada vez es más frecuente (sobre todo si no tienen niños) que se marchen en junio o septiembre con el fin de beneficiarse de las tarifas reducidas que hay en el sector del turismo.

La duración de las vacaciones tampoco ya no es la misma. Durante mucho tiempo ha sido de cuatro semanas; actualmente, las estancias turísticas estivales de los franceses son menos largas. Más la duración legal de las vacaciones pagadas se ha alargado (actualmente cinco semanas más los RTT - ver nuestro artículo precedente), más han fraccionado sus vacaciones con el fin de beneficiarse de periodos de permisos dos e incluso tres veces al año. En verano, actualmente, pocos se marchan un mes completo y la mayoría hace dos o tres semanas.

En nuestros cursos de francés para empresas, ¡también se aprende esto!

Por nuestra parte, aunque continuamos trabajando durante el mes de julio, las vacaciones de nuestro blog empiezan hoy. ¡Os deseamos a todos y a todas un excelente verano y esperamos encontraros a principios del mes de septiembre!

¡En el trabajo, ninguna pausa por la mañana para los franceses!

En España, y más precisamente en Cataluña, la pausa en el trabajo a media mañana es un rito compartido por todo el mundo y del cual es difícil prescindir. Hacia las diez y media o las once, los despachos se vacían, y los trabajadores se turnan, a menudo en pequeños grupos de 3-4, para encontrarse en el bar como de costumbre. Allí, toman un pequeño bocadillo o un croissant con una bebida caliente (café, café con leche, etc.). Esta pausa dura más o menos 20 minutos. Es el segundo desayuno del día: el primero, que se reduce a una simple bebida caliente, se toma generalmente en casa.

En Francia, no encontrará nada parecido. Por la misma razón que los franceses acaban relativamente pronto su jornada de trabajo (prefieren concentrar sus esfuerzos sobre un lapso de tiempo más corto, ver nuestro artículo precedente), los franceses trabajan, en principio, de un tirón hasta la comida. Hay que decir también que esto les es más fácil: dado que su comida tendrá lugar entre el mediodía y las 13 h (y no hacia las 14 h como los españoles), se arriesgan menos a pasar hambre sin tomar un tentempié! En general, los franceses toman un desayuno consistente en casa, se marchan al trabajo, y esperan la hora del almuerzo para volver a comer.

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Cursos de francés para empresas: la importancia del intercultural

No se destaca demasiado la importancia del intercultural en las clases de francés para empresas y, sin embargo, es capital. Se puede definir rápidamente el intercultural como la sensibilización hacia la cultura del otro. Cada uno actúa en función de los códigos de su propia cultura y cada uno piensa inconscientemente que esta manera de hacer es no solamente “normal” sino que es “mejor”.

Esta sensibilización es más importante cuanto más cercanas son o parecen ser las culturas. Esto puede parecer paradójico pero se explica fácilmente.

Si un español va a comerciar con China, automáticamente estará en alerta continua para descifrar y entender la cultura china: cada uno sabe que éstas son culturas radicalmente diferentes. Sin un aprendizaje específico, este desciframiento será, sin duda, difícil para él; al menos, sabrá que es necesario adaptarse a la cultura del otro.

Pero si el mismo español hace negocios con un francés también pensará, automáticamente, como en el caso anterior: “Nuestros países son europeos y, además, somos vecinos y hablamos dos lenguas románicas: deberíamos entendernos fácilmente.” Ahora bien, los nativos de los dos países actúan y piensan de forma distinta en numerosos ámbitos, lo que provoca malentendidos, quid pro quos, incomprensiones y explica un buen número de fracasos comerciales. Ahí está porqué es importante estar sensibilizado por la cultura del otro.

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La semana de 35h y los RTT en Francia

Al final de los años 90, Francia adoptó una legislación para reducir el tiempo de trabajo semanal a 35h, lo que, en aquel tiempo, provocó una gran polémica en todo el país, unos a favor y otros en contra.

Entonces, ciertas empresas escogieron reducir la duración colectiva del tiempo de trabajo a 35h, otras mantuvieron su horario anterior de trabajo. En compensación, estas empresas han escogido conceder a los asalariados días de descanso: los famosos «RTT», es decir, “Recuperación del tiempo de trabajo”, que suenan a menudo como un galimatías en las orejas de los extranjeros.

Desde entonces, incluso si la ley fue modificada, los franceses se benefician, generalmente, de días de permisos suplementarios, en principio uno por mes (en ciertas empresas estos RTT son establecidos anualmente), que se añaden a sus permisos pagados legales. Ante la dificultad para algunos (sobre todo los ejecutivos) para coger estos días, se suele negociar su remuneración a cambio de su renuncia; sin embargo no todas las empresas lo aceptan.

Muchos franceses eligen tomar sus RTT el viernes o el lunes para alargar su fin de semana pero otros prefieren aprovecharlos en plena semana para «deshacerse» de encargos (visita con el médico, compras en el supermercado, etc.) o para ocuparse de sus hijos. Esta reducción de horario ha tenido pues importantes repercusiones sobre el día a día de los franceses.

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Uso de los conectores en francés

Même si, pourtant, du coup, quand même, donc, certes, orlos francófonos siembran de una forma natural sus conversaciones con un número impresionante de conectores lógicos. Otras lenguas eligen omitirlos claramente o al menos no hacen tal uso, que puede parecer abusivo. Quizás esto es todavía una herencia del pensamiento de Descartes del cual la frase más célebre, como por casualidad, es “Je pense donc je suis”.

Todos los argumentos de un razonamiento se encadenan los unos con los otros por una relación de causa y efecto, de oposición, de concesión, de objetivo. Para los francófonos, expresar casi sistemáticamente todas estas relaciones por un conector obliga al locutor a un pensamiento metódico y permite al oyente seguir mejor el razonamiento del otro.

Ciertos conectores permiten anunciar con antelación el camino seguido por su pensamiento y crean expectativas en el oyente. Es, por ejemplo, el caso de certes, que requiere 3 etapas:

1. Certes + anuncio de una afirmación
2. Mais + objeción a esta afirmación
3. Donc + consecuencia de esta objeción

Empezando una frase por certes, anunciáis automáticamente las etapas 2 y 3 y vuestro interlocutor querrá saber necesariamente dónde queréis llegar. Con un francófono, intentad utilizar certes omitiendo las dos últimas etapas y esperad. Inmediatamente veréis la cara de sorpresa mezclada de incomprensión de vuestro interlocutor: ¡espera la continuación!

Cuanto más el discurso se define como demostrativo y formal (presentación de proyectos, análisis de resultados, etc.), más los conectores son proporcionalmente numerosos. Saber utilizar bien los conectores mejora sensiblemente vuestra comunicación con los francófonos.

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Cómo saludarse en la empresa francesa (3)

Trabajáis en una empresa francesa y, por supuesto, habéis saludado a todos vuestros compañeros de trabajo de la manera más adecuada posible, dándoles la mano (ver nuestro artículo precedente). Imaginemos ahora que os cruzáis una vez más por los pasillos a un compañero de trabajo a quien ya habéis saludado al llegar: ¿qué hacéis?

Los hispanohablantes, siguiendo sus costumbres, tienen tendencia a saludarle otra vez con un “Bonjour!” Sin embargo, no es posible: el saludo “Bonjour” no se puede decir más que una vez al día. Un francés se sorprenderá si cada vez que os lo cruzáis le saludáis.

Ciertos anglófonos, siguiendo todavía sus costumbres, se cruzarán con su compañero sin mirarle, corriendo el riesgo de herirle. ¿Por qué es tan frío y qué ha pasado desde esta mañana cuando me ha saludado calurosamente?

Entonces ¿qué se tiene que hacer? En Francia, en esta situación, vuestro compañero de trabajo buscará vuestra mirada; cuando el contacto visual se ha establecido, cada uno esboza una sonrisa moviendo ligeramente la cabeza. Nadie se para, no se verbaliza, este contacto es muy breve y es inútil exagerar vuestra sonrisa. Simplemente se trata de decir al otro que se le ha reconocido.

Sin embargo, los franceses, en semejante ocasión, lanzan un “Rebonjour!” o incluso solamente “Re!”, pero siempre se trata de un forma humorística.

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Vida profesional y vida privada en Francia

En Francia se evita, generalmente, mezclar la vida profesional y la vida privada: a menudo son dos mundos muy separados i conoceréis poco la vida privada de un compañero de trabajo. Quedar con sus colaboradores fuera del trabajo no es una costumbre: ni se cena ni se sale juntos, ¡y mucho menos se sale de vacaciones juntos! Como máximo, los franceses pueden tomar una copa saliendo del trabajo, pero es poco frecuente: tan pronto se ha acabado el trabajo, cada uno sólo tiene una idea en la cabeza: ¡irse a su casa!

Igualmente, la pareja no conoce, en principio, a los compañeros de trabajo del otro y, de todas maneras, ¡esto no le interesa para nada! Por otra parte, es la ocasión de deshacer un malentendido recurrente de los hispanohablantes: la palabra “colega”, en francés, sólo designa a la persona con la cual trabajáis y no a un amigo. Ello no impide evidentemente que un compañero de trabajo se convierta en un amigo (aunque esto sea bastante inusual), pero uno no supone el otro.

Si queréis hacer amistad con un compañero de trabajo francés, esto necesitará tiempo. Invitándolo demasiado pronto a cenar a vuestra casa, corréis el riesgo de ponerlo en una situación incómoda: no sabrá cómo rechazar una invitación que, aun siendo amable, a sus ojos la verá como una invasión.

Quizás encontraréis distantes a los franceses con los que trabajáis pero no os lo toméis como algo personal: ¡es su manera de hacer!

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Curso de francés para empresas con VOILÀ: otra manera de estudiar

¿Cómo mejorar vuestro francés? Siguiendo cursos, naturalmente, pero existen tantas academias, tantas escuelas, centros de lenguas que a menudo es difícil orientarse… Las clases son indispensables pero participar en un proyecto puede ser un complemento útil y gratificante.

¿Qué hay que entender por “proyecto”? A VOILÀ, todos nuestros estudiantes pueden, por ejemplo, participar en la elaboración de cápsulas vídeo publicadas en nuestro blog del Monde Fictif. La elección del tema, las reuniones bimensuales, la escritura del texto, el trabajo fonético y la grabación de las voces, el montaje, ¡absolutamente todo se decide y se hace en francés! Los resultados son cada vez impresionantes: cada uno mejora en todas las competencias (comprensiones oral y escrita, expresiones oral y escrita) casi sin darse cuenta y, sobretodo, divirtiéndose.

Y siempre, al final: la realización de un producto, el reportaje vídeo, que otros podrán ver (y comentar) vía blog.

Ahora, el equipo del Monde Fictif ha decidido, después de tres años de existencia, lanzar su concurso de reportajes vídeo en francés; este concurso está abierto a todos los estudiantes de Francés Lengua Extrajera, sin condición de edad ni de nacionalidad. Nos podéis enviar vuestros vídeos a partir del 15 de marzo hasta el 1 de junio del 2010. El reglamento es muy fácil: lo encontraréis en nuestro blog.

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La puntualidad en Francia

La situación geográfica de Francia en Europa tiene muchas consecuencias sobre sus prácticas culturales. A medio camino entre la Europa del Norte y los países mediterráneos, las costumbres de los franceses tienen, a menudo, un poco de los dos.

En el capítulo de la puntualidad, Francia no es una excepción. Aunque algunos proverbios parecen destacar su obsesión por la puntualidad: " Avant l’heure, ce n’est pas l’heure; après l’heure, ce n’est plus l’heure", “La ponctualité est la politesse des rois”, los franceses no siempre brillan por su puntualidad. Las reuniones de trabajo no comienzan casi nunca a la hora prevista, sin que por ello se puedan permitir un “verdadero” retraso, ya que el concepto del tiempo, en Francia, no es tan extensible como en los países latinos. Se trata, pues, de conocer exactamente el margen comúnmente admitido y aceptado. Y esto no es fácil.

Un buen ejemplo es el de la invitación a almorzar. Imaginémonos que un compañero de trabajo os ha invitado a almorzar, y que la hora prevista para llegar es hacia las 12h30: ¿a qué hora llegaréis? ¿a las 12:30? Entonces llegaréis con anticipación y vuestro compañero corre el riesgo de decir, antes de abriros la puerta: " ¿Por qué llega tan pronto? "; ¿las 13h00? Entonces ahora llegáis con retraso y vuestro colega se dice esta vez: " Pero, ¿qué hace?”. La hora ideal de vuestra llegada se sitúa hacia las 12h45: ni demasiado pronto, ni demasiado tarde…

A pesar de todo, hay ocasiones donde es recomendable llegar puntual: por ejemplo, para una entrevista de trabajo o para una reunión comercial (sobre todo si sois vendedores).

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Hablar de dinero en Francia

En Francia, ciertos asuntos se abordan lo menos posible; para ser sinceros, son tabú: es el caso del dinero. Dejando aparte las generalidades del uso de la cuestión, los franceses nunca hablan de dinero, y especialmente de su dinero.

Incluso entre amigos o en familia, sólo nos queda imaginar, suponer o deducir el salario de una persona en función de su nivel de vida. Es inimaginable que se pueda preguntar directamente a alguien cuáles son sus ingresos, ni que una persona nos anuncie, de la manera más natural del mundo, cuánto gana al mes. Tanto en un caso como en otro, es el colmo de la vulgaridad y del mal gusto. Y siempre es un tema que queda “desplazado”. Los franceses, en esto, son muy diferentes de otros pueblos (los norteamericanos, por ejemplo).

¿Por qué hay tanta discreción sobre este tema? El motivo es que para ellos el dinero es algo sucio. La riqueza es, por cierto, sospechosa, los “signos externos de riqueza” a menudo están menospreciados o son motivo de burla.

En el trabajo, por regla general, ocurre lo mismo. No sabréis el salario de vuestros compañeros; por cierto, nunca hablaréis de esto con ellos. Como máximo, supondréis, en función de su antigüedad, de su puesto de trabajo, de sus calificaciones, que Fulanito gana aproximadamente tantos euros al mes. Este cálculo, para “situar” al otro, se hace casi de forma inconsciente y automática. Todo el mundo está acostumbrado a esto, todos lo hacen, de tal forma que esto no molesta a nadie.

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