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Cursos de francés para empresas

Ir al trabajo

El coche de compañía: un ejemplo de salario en especie en Francia

No es extraño que una empresa suministre a un asalariado un coche de compañía; éste es considerado, en derecho fiscal, como un salario en especie. Se trata, en efecto, de una remuneración (entrega de un bien, de un servicio, o una remuneración en metálico) destinada a cubrir un gasto personal, privado o profesional, del asalariado. Esta entrega es, o gratuita, o bien mediante una participación del asalariado inferior a su valor real: en Francia, se asimila pues a un complemento de remuneración. Por este motivo, esta remuneración está sometida a cotizaciones sociales y al impuesto sobre la renta.

Se acumulan todos los gastos del año (gastos del seguro, mantenimiento, gastos de carburante, intereses del préstamo, si lo hay, o un leasing, tasa sobre los coches de empresa, gastos de tenencia de vehículo durante el primer año) luego calculamos el salario en especie aplicando sobre ello un coeficiente de kilometraje (lo que supone una lista constante): kilometraje privado/kilometraje total. Sólo los kilometrajes privados serán salarios en especie.

El pago de las comidas y el alquiler de la vivienda, así como el suministro de herramientas o instrumentos de comunicación (teléfono móvil, ordenador, acceso a internet, etc.) también están considerados como salarios en especie.

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Los medios de transporte para ir al trabajo en Francia

¿Cómo se va al trabajo en Francia? Eso depende, claro está, de la aglomeración. En el campo o en las zonas no tan bien comunicadas por el transporte público, los franceses utilizan, evidentemente, su medio de locomoción personal, es decir, el coche. El uso de la moto tiende a desarrollarse pero continúa siendo minoritario: el clima no es siempre clemente en Francia, especialmente en la mitad norte.

Pero, si es posible, los franceses utilizan los medios de transporte público (tren, bus, tranvía), que son muy eficientes y para los cuales el Estado y las colectividades locales hacen grandes inversiones desde hace decenios (la calidad de la red de los transportes públicos es, por cierto, mencionada regularmente por los inversionistas extranjeros para motivar su elección de implantarse en Francia).

Además la circulación de los medios de transporte privado ha sido severamente limitada estos últimos años en las zonas urbanas (ver por ejemplo, en París, la reducción del número de vías y de zonas de estacionamiento) y todo indica que eso irá en aumento.

Un dispositivo legal da soporte, de una manera quizás más convincente si cabe, a los franceses a dejar su coche en el garaje: el empresario está obligado a pagar el 50% del coste de los títulos de abono de transporte entre el domicilio y el puesto de trabajo del asalariado. Este dispositivo, en un principio limitado a la región Île-de-France, ha sido extendido al conjunto del territorio en el 2009. En estas condiciones, la tarjeta Navigo para una zona (abono a los transportes parisinos) sólo cuesta actualmente 28,30 € por mes.

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