La guarderia interempresarial

En Francia, si las grandes empresas tienen su propia guardería, a menudo es más fácil -y barato- para una PYME optar por la solución de la guardería interempresarial, creada en colaboración con otras empresas cercanas o con las autoridades locales.

Desde la ley de finanzas 2004, diferentes ayudas favorecen la creación de guarderías interempresariales. Una plaza cuesta entre 10 y 12.000 euros por año de promedio. De esta cantidad, a través del contrato Enfance-Entreprise, las Caisses d’Allocations Familiales (CAF) -fondos de subsidio familiar- se hacen cargo del 50 a 70% de esta cantidad. Esta ayuda es abonada directamente a la empresa.

A esto se añaden las ayudas fiscales. Los gastos de la empresa para el funcionamiento de la guardería son deducibles de los resultados sujetos a imposición, es decir, un ahorro de unos 3.000 euros. Por último, es posible aplicar un crédito fiscal del orden del 25% del monto no financiado por la CAF (aprox. 750 euros). In fine, el coste para la empresa es del orden de 1.500 a 2.000 euros por año y plaza en la guardería. Esto corresponde aproximadamente a 150-200 euros al mes por empleado con un niño.

Gran ventaja social  para el trabajador, la guardería interempresarial también presenta muchos intereses para el empresario, más allá de la imagen joven y dinámica que transmite con este servicio de valor añadido. Con el desarrollo de horarios a tiempo parcial o atípicos, resulta cada vez más complicado para los empleados conciliar trabajo y vida privada. Proporcionar este tipo de servicio es a menudo una importante ventaja competitiva para convencer a alguien que venga a trabajar para usted. También es una solución para mejorar la igualdad profesional entre hombres y mujeres y un activo importante para la reducción de costos ocultos como retrasos en la oficina o el absentismo.

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El ocio de los franceses

El fin de semana, vete a saber por qué, dos de los pasatiempos favoritos de los franceses son el bricolaje y la jardinería. Posiblemente porque el sueño de muchos de ellos –y que realizan tan pronto como esto es posible- es tener una casa con un pequeño jardín y ocuparse de ello amorosamente. Su frenesí es tal que, desde hace varias décadas, se ha producido en Francia una proliferación de revistas y programas de televisión dedicados a la jardinería y al bricolaje.

Bricolaje y jardinería están tan arraigadas en la sociedad que la población está dividida entre los que les gusta hacer bricolaje / hacer jardinería y aquellos que no les gusta. A menudo, cuando se les invita a posicionarse en una de estas dos ocupaciones, veréis que un francés, en el curso de la conversación, siempre acabará diciendo: “Me encanta la jardinería!” o “No me gusta hacer bricolaje!”

El sábado, numerosos franceses se arrojan en las grandes tiendas especializadas en estas dos actividades y allí pueden pasar muchas horas. En España, muchas cadenas de grandes almacenes de bricolaje, de las cuales no diremos nombres son, por cierto, francesas.

Las palabras bricolaje y jardinería vienen del francés. La palabra bricolage está construida sobre el sustantivo de origen italiano bricole, que designaba en el siglo XII un tipo de catapulta. Jardinage viene del galorromano hortus gardinus, es decir “jardín cercado”.

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