Ofrecer flores a vuestro anfitrión en Francia

Imaginemos: un compañero de trabajo os ha invitado a comer, cliente o proveedor francés con quien, al cabo del tiempo, habéis hecho amistad. Estáis en Francia. Tenéis bien integradas las reglas de puntualidad y, después de calcular sabiamente, prevéis de llegar a casa de vuestro anfitrión aproximadamente 15mn después de la hora prevista.

Todo está a punto salvo una sola cosa: qué traeréis? ¡No podéis proponer traer una botella de vino! Si esto se hace cada vez más entre los jóvenes, es demasiado informal. De todas maneras, como no sabéis lo que comeréis, no podréis, por definición, escoger el vino más apropiado para la comida. Tampoco propongáis traer el postre –y sobre todo la famosa tarte tatin que os queda tan bien. Es también demasiado informal.

Qué hacer pues? No podéis, como se suele decir, “arriver les mains vides”. Es muy fácil: ofreced flores, las que queráis. Sólo hay que pasar delante de una florestería el sábado o el domingo (días tradicionales de reuniones familiares) para darse cuenta hasta qué punto esta tradición está muy viva en Francia: a menudo hay cola. Preved pues un poco de margen (si no queréis llegar a casa de vuestro anfitrión 30mn tarde e infringir, esta vez, la primera regla…).

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Alquilar un estudiante, una solución que crea polémica

En Francia, un nuevo sitio web, louerunetudiant.com, propone una nueva fórmula que es, cuando menos, original: ¡alquilar un estudiante! Para éste, es la ocasión que se valoren sus competencias para un trabajo concreto y de una duración limitada, cobrando un salario más alto que el que está durante sus prácticas. Para la empresa, es la posibilidad de obtener un servicio práctico y económico, evitando así recurrir a una agencia especializada o proveedores “instalados” y evidentemente más caros.

¿Cómo funciona esto? Es muy sencillo: en la plataforma del sitio web, la compañía ofrece un trabajo y luego selecciona al candidato con el perfil más adecuado (formación, experiencia, las evaluaciones de los trabajos anteriores, etc.).

El estudiante, que al crear su perfil en el sitio web debe adoptar el estado de autónomo, propone él mismo las tarifas de sus servicios; la empresa, a su vez, puede optar por pagar por hora o precio fijo. Cada trabajo es objeto de un contrato de prestación, sin lazos de subordinación entre el estudiante y la empresa, el sitio web sirve de intermediario.

Sin embargo, esta solución no tiene la aprobación de todos. Para algunos, “alquilar un estudiante” demuestra que para muchos la precariedad es ya una situación normal y contribuye todavía más a bajar las remuneraciones.

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