No se celebra el “Poisson d’avril” en las empresas francesas

El día 1 de abril, es costumbre en Francia preparar algunas bromas a costa de los amigos y miembros de la familia; consisten en hacerles creer alguna noticia falsa y aún mejor: imposible. Los medios de comunicación se pliegan a la tradición y todo el mundo intenta descubrir en los periódicos, la radio o la televisión, la información inventada del día. El 1 de abril es pues nuestro 28 de diciembre.

Cuando vuestra víctima se ha convencido finalmente de la falsa noticia, que habéis ideado especialmente para ella, es el momento de decirle “¡Poisson d’Avril!” para mostrarle así que ha sido demasiado ingenua creyéndoos.

Otra tradición es colgar el dibujo de un pez en la espalda de una persona, por supuesto sin que ella se dé cuenta, y dejar que se pasee el máximo tiempo posible adornada con este apéndice en la espalda.
Desgraciadamente, al igual que el Martes de Carnaval nadie va a trabajar disfrazado, no esperéis celebrar el 1 de abril en el trabajo. Aunque no esté prohibido, y un departamento, bajo la batuta de un colega gracioso, decide celebrar esta costumbre, es poco frecuente.

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Saber utilizar las costumbres de su propia cultura

Conocer y adaptarse a los usos y costumbres de la cultura del otro es primordial si se quiere facilitar la comunicación y evitar numerosos malentendidos. Ya no se calcula el número de contratos que no han sido firmados en base a una incomprensión intercultural de las dos partes –incomprensión ligada a menudo a un pequeño «detalle» que toma, repentinamente, una importancia desmesurada.

Pero no se trata de olvidar nuestras costumbres para «simular» las del otro; hace falta también saber continuar siendo natural y utilizar en el momento oportuno los prejuicios del otro sobre nuestra cultura.

Con respecto a las relaciones humanas, el francés tiene, por ejemplo, un a priori positivo hacia los mediterráneos. Es suficiente que un italiano o un español lo tutee o le toque el brazo durante la conversación para que se sorprenda encantado de su cordialidad y piense: ¡«Caray estos españoles/italianos, qué simpáticos son y cómo todo es tan fácil con ellos! ¡(y olvidará completamente que un compatriota, teniendo la misma actitud, lo habría ofuscado!).

No tengáis miedo, pues, de recurrir a estos medios para acercarse mejor a vuestro interlocutor e instaurar un clima de confianza en el momento de una negociación: fingid olvidar que sabéis el tratamiento de usted obligatorio, haced como en vuestra lengua, tuteadlo, pasadle la mano por la espalda; lo que no aceptaría nunca de un compatriota será acogido complacido si sois vosotros. Se trata simplemente de no superar el límite de lo aceptable para vuestro interlocutor. Una atención activa y un poco de intuición os tendrían que permitir conseguirlo.

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